Sherpa.
Sherpa, dice Virginia. Niña amatronada, en la
gargantilla luce el nombre de sus hijos. Serena, trágica; porta lista de
escarnios y toma la palabra de
inmediato.
Lucho lo permite.
Lucho lo permite.
Los sherpa son aptos para las alturas e
imprescindibles carga bártulos; alpinistas aseguran que ascienden en
solitario mas no coronarían sin un sherpa de confianza. Ella encumbró a su
marido manejándole el instituto de
cirugía plástica; y en tanto recepciona siliconadictas avizora el contrabando
de caricias. Las pacientes a veces se insinúan pero Lucho incita pero concreta pero
reincide. Y a la vida sexual de la pareja mejor olvidarla: un
hombre "siempre listo" no desea: no la desea a ella, ni a ninguna
otra: sólo a sí mismo deseando. Una está allí para que él cumpla su cuota...
Lucho corcovea.
Se yergue frente a su mujer y cerca, tan cerca, cañoneando meteoros de saliva, grita que la palabra justa es "freezer" hasta enronquecer. Al freezer -brama Lucho- te aproximas y de
inmediato sentís el chicotazo helado; al tocarlo, calcina: esa es Virginia.
Costos colaterales son su paranoia, obsesión dietante e intolerancia al
mínimo pesar. ¿Sexo? Hubo. Claro que hubo para procrear, pose
uno, boca tapiada; cero arrumaco, tensión, quejas. ¿Sexo afuera? Cómo no. Con
amiguitas, pacientes, enfermeras, socias del club, prostis...
Avisté
con suficiente anticipación el gesto aunque no logré detenerlo. Virginia
cachetea a su marido y erguida, agacelada, sale de mi consultorio dejando la
puerta semiabierta. Él, demorado, la sigue.
Portazo.
Portazo.
Hoy,
tras meses de silencio, Lucho dejó una nota en mi facebook comentando –con
bonhomía- mi novela. Tanteo. Tantea. Es posible que pronto soliciten una nueva
entrevista. En ese momento decidiré si la concreto.
foto: Genoveva Ayala
¿La histria es verdadera? Me gusto mucho. Muchas gracias.
ResponderEliminarClaudia: te agradezco tus palabras, tu pregunta.
ResponderEliminarEste, como todos los relatos del blog, son ficción. La analista que cuenta es un personaje que soporta muchas de mis dudas y, también como yo, aprende cada día con sus pacientes.
Fidedigna es la existencia de mi novela: me tomé la licencia de mencionarla más el atrevimiento de señalar que era pasible de un buen comentario.
Bella comparación de los sherpa como sostén para lograr las alturas en el inicio de tu relato. Me voy tornando en admirador de tu escritura, esa manera que atrapa en cada oración, en cada palabra dando espera a la que continúa. Y uno se queda pensando en porqué de la tolerancia de Virginia ante la frialdad de Lucho (mas que la de Virginia) ante el desamor, ante el mismo engaño. Una historia bellamente narrada, gracias Marta por el placer de leerte. Abrazos…
ResponderEliminarDiego: el placer de tu lectura es mío.
ResponderEliminarDicen que todas las parejas tienen un "acuerdo secreto"; lo entrecomillo porque en ocasiones los que constituyen la pareja lo ignoran. Ese acuerdo permite (con)vivir y (des)vivirse.
Qué intercambian, qué toleran, a qué renuncian los personajes de esta historia: la respuesta será compleja cuando no inextricable.
Ignoramos si se han amado, si saben amar, si el odio es amalgama. Y me temo que tampoco sabremos si ellos están disponibles para saberlo.
Marta,
ResponderEliminarMe ha deleitado
tu psicóloga-psiquiatra-analista que mantiene una cita -como sexóloga- a una de esas parejas –todas- que tiene baches o socavones. Je, je, je… Creo que todos conocemos esos desiertos yermos –inmensos o chiquitos- en los que uno de los miembros –además del “disfuncionado-inapetente”- va hacia el norte y el otro hacia el sur.
Divertido y contravertido. A mí, me encantó
Excelente trabajo, besos amiga,
Ann@ Genovés
PD. Por si te apetece echarle un vistazo a mi última publi, te envío el enlace. Idéntica temática que la tuya. Gracias.
http://annagenoves2012.blogspot.com.es/2012/05/delirio.html
Encantada también yo por tus palabras.
ResponderEliminarCreo que la pareja consulta por el desamor.
Por el temor que los mantuvo enmancuernados hasta entonces.
Por la rabia ante su inermidad.
Se han enlazado alguna vez y ahora -retomanto tu imagen- desearían arribar a un punto distante de sí mismos, y del otro. Un punto al que la analista de esta ficción no podría asegurarles si sabrán/podrán/querrán finalmente acceder.
Muchas gracias por tu invitación.