|
Es demasiado tarde, dijo Ruth.
Tarde con respecto a qué, le pregunté.
Ruth es matemática. Muy lista, discreta, franca. Se
separó hace años y floreció. Me consultó tras la muerte de su gata, pérdida
que la sumió en esa pesadumbre que calificó de desmedida. Sesión tras sesión,
atropellándose, emergieron otras averías y dimisiones varias.
Este jueves el tema fue Nené. La templada Nené. La
afectuosa Nené. Fueron compañeras de estudios, cómplices, mancuernadas. Nené
prefirió dedicarse a diseñar jardines; madre soltera, educó al chico a
contracorriente.
Nené solía albergarla como la orilla a los cormoranes,
y en la coda del alba Ruth le revelaba sueños de vigilia y sueños por acallar.
-Supo saber de mí más que yo de mí misma. Y sin
embargo…
¿Seis años? ¿Acaso diez?
Ruth no logra precisar en qué momento dejaron de estar
cerca tan cerca. Ni cuándo se privó de llamarla a diario o de ir a su
encuentro. Menos quién se alejó de quién.
Rememorar y avergonzarse. Prescritos los descargos, los
alegatos. Andanadas de bronca por saberse lejos de la que quiso y lejos de
aquella que solía querer a Nené.
-No, no me siento capaz de ir a buscarla. Es demasiado
tarde.
-¿Tarde con respecto a qué?
|
|
27 de noviembre de 2016
NENÉ
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario